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sábado, 14 de marzo de 2020

Vocabulario Fundamental. Memoria (30) La destrucción de la memoria


"Parte de la guerra y el conflicto siempre ha sido el daño colateral. Muchos edificios han caído al estar en camino de los objetivos militares, pero, [...] en esta guerra, los edificios no se destruyen porque obstaculizan un objetivo. Los edificios son el objetivo". Cómo explica elocuentemente el narrador de The Destruction of Memory, la destrucción de la cultura de los edificios, libros, y con frecuencia, el arte, es una consecuencia accidental de la guerra. Como podemos ver por las acciones de ISIS en Irak y Siria hoy, la destrucción de bienes culturales es parte de una estrategia consciente para atacar y destruir la memoria colectiva, la historia y la identidad de un pueblo. "Una de las maneras de deshacerse de la historia es removiendo todas las huellas físicas de la historia", explica en la cinta Daniel Libeskind, arquitecto del Museo Judío de Berlín. "Hacer creer que nunca nada pasó ahí".

La guerra contra la cultura ha ido creciendo de forma constante en el último siglo. En los albores del siglo XX, las herramientas de guerra y su poder destructivo comenzaron a acelerar su ritmo de crecimiento. La capacidad para destruir un monumento, un edificio o una ciudad aumentó, haciéndolo más fácil. ¿Cómo podemos detener su paso y salvar la historia que configura nuestra identidad? Los ataques intencionados contra bienes culturales de los países en guerra son constantes. En Siria e Irak, la cuna de la civilización, milenios de cultura han sido destruidos por grupos terroristas como el tristemente célebre DAESH o ISIS. Ciudades como Homs, Palmira o Alepo han sido reducidas a paisajes apocalípticos.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Vocabulario Fundamental. Animales (55) Los animales en la Segunda Guerra Mundial



En este verano en el que se ha conmemorado el 80 aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la gran contienda bélica del pasado siglo, un conflicto épico que cambió el mundo en que vivimos, nada se ha dicho de los animales que de forma masiva en ella participaron, en todos los frentes y para todos los contendientes, esclavizados al servicio de los hombres.

A pesar de los avances en la mecanización respecto a la primera gran guerra del siglo los animales volvieron a ser esenciales para el esfuerzo de guerra de todos los contendientes. Obligados a realizar las peores tareas y en las peores condiciones, reventando por el esfuerzo o por los proyectiles, millones de caballos, de mulas, de perros, de primates y muchas otras especies se dejaron la salud y la vida en el infierno bélico creado por los hombres, por no hablar de la infinidad de animales salvajes que fueron inmolados junto a su habitats naturales en la pocas veces descrita destrucción de la Naturaleza en las guerras.

Por todo ello en este blog queremos rendirles nuestro pequeño homenaje con este documental (divido en dos partes seguidas) dirigido en este 2019 por Jean-Christophe Rosé, que recorre los distintos frentes para mostrarnos su enorme contribución en este conflicto, a su pesar, claro. 


viernes, 5 de julio de 2019

Estupor y Temblores (65) Europa 1945: la venganza de los vencedores, la paz salvaje

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, la gente de la Europa liberada celebró su libertad de la tiranía nazi. Pero para millones de alemanes, el final del conflicto abrió un capítulo terrible en una de las mayores limpiezas étnicas de la historia europea. Sufrieron una tremenda violencia, especialmente aquellos alemanes que habían vivido pacíficamente durante siglos en los países vecinos. Dirigido en 2015 por el británico Peter Molley, 'La paz salvaje' (The savage peace) usa archivos de películas nunca vistos y testimonios de los testigos oculares para narrar una historia desgarradora de violencia contra civiles alemanes, que a veces eran un espejo de algunas de las peores crueldades de los ocupantes nazis durante los años de la guerra. Esta historia hasta ahora no había sido contada, 70 años después de que ocurriese. Como reconoció el escritor George Orwell "el trato a los alemanes derrotados fue un terrible crimen que ha quedado impune".

Debajo del documental hemos añadido una entrevista de Jacinto Antón a Keith Lowe, autor del muy recomendable libro 'Continente salvaje', un impactante texto que recorre la geografía de deportaciones, violaciones, pogroms, ejecuciones sumarias y represalias de todo tipo que no sólo hubo sobre los alemanes sino también sobre otras minorías o etnias en lugares como Prusia Oriental, Polonia, Checoslovaquia, Ucrania, Rumania etc Era un continente sin instituciones, sin ley ni orden ni fronteras ni moralidad, ni propiedad privada, en el que sólo la supervivencia y la venganza de los vencedores prevaleció, extendiéndose durante cinco largos años de conflictos de posguerra. De aquellos espantos nació la Europa moderna aunque, afortunadamente, el paso del tiempo fue disipando el odio para dar paso a la unidad y la solidaridad entre los pueblos que, al menos en teoría, es la Unión Europea de hoy. 



Callaron las armas y fue un infierno

Keith Lowe describe en ‘Continente salvaje’ el horror en Europa tras la II Guerra Mundial


Bajó el telón de la II Guerra Mundial, pero los cuatro jinetes del apocalipsis no dejaron de galopar. En Europa, en un mundo devastado por cinco años de contienda, la gente se las prometía muy felices al firmarse la paz y sin embargo lo que siguió fue un espanto. En un continente devuelto a una condición casi medieval, inmerso en un completo caos, con destrucciones sin cuento, las instituciones colapsadas y la sed de venganza a la orden del día, el desastre humano y moral era absoluto. 

A mostrar ese siniestro panorama que fue el envenenado legado de la contienda ha dedicado Keith Lowe (Londres, 1970), uno de los más destacados de la nueva generación de historiadores británicos, su libro Continente salvaje, Europa después de la Segunda Guerra Mundial(Galaxia Gutenberg), un libro que se lee con el corazón en un puño especialmente ante la suma de nuevos horrores y vejaciones que tuvieron que aguantar los supervivientes en una cruel nueva vuelta de tuerca de la historia sobre sus víctimas.

¿Fue peor la posguerra que la guerra? “No llegaría yo tan lejos como a afirmar eso”, responde Lowe. “En algunas áreas quizá, aunque en general no. Pero mientras en algunos lugares el fin de la guerra se celebraba con fiestas, en otros continuaba la violencia, e incluso eran parte de las celebraciones la muerte y la vergüenza de otros. Cientos de miles de personas fueron asesinadas o se las dejó morir después de la guerra”. El historiador recalca que es una falsa idea la de que en 1945 todo volvió a la normalidad. “Hizo falta una transición que estuvo llena en muchos sitios, cuanto más al Este peor, de injusticias, atropellos y crueldad, fue una época sin ley”.

Refugiados de la II Guerra Mundial

El libro muestra que las democracias podían ser muy vengativas. “No tanto como los regímenes totalitarios pero sí, la venganza forma parte de la naturaleza humana, es algo innato y difícil de controlar, y hubo una gran ola de venganza en toda Europa”. Continente salvaje presenta casos —menos conocidos que los de las acusadas de colaboracionismo en Francia rapadas (¡20.000!)— como el de las mujeres y niños marginados y privados de derechos en Noruega, las primeras por ser parejas de soldados alemanes y los segundos por ser el fruto de esas uniones. Lowe explica que el 10 % de las noruegas de entre 15 y 30 años tuvieron novios alemanes durante la guerra. Se tachaba a esas mujeres de traidoras a la nación, aunque ellas y otras en su mismo caso en otros países de Europa consideraban sus relaciones un asunto privado, como la actriz francesa Arletty que, cuenta el historiador, durante su juicio en París por su affaire con un oficial alemán exclamó: “Mi corazón pertenece a Francia, pero mi vagina es mía”.

En cuanto a los niños, Lowe apunta que los soldados alemanes engendraron entre uno y dos millones en la Europa ocupada. En 1945 un diario noruego consideraba a los del país escandinavo “una minoría bastarda peligrosa” susceptible de convertirse en el futuro en “una quinta columna entre la población noruega pura”.

Lo que ocurrió con los judíos fue terrible. “Sobre todo porque tenemos la idea de que el Holocausto generó una gran empatía con los judíos tras la guerra y ese no fue el caso. En muchos lugares se reavivó el antisemitismo. Los judíos supervivientes volvían a sus casas sin nada y tuvieron que luchar para recuperar sus propiedades. En ese conflicto, no hubo compasión con las víctimas". Lowe recoge casos como los de la judía holandesa superviviente de los campos a la que un conocido la recibió diciendo: "Tienes suerte de no haber estado aquí, ¡no sabes el hambre que hemos pasado!". 


En Hungría, Eslovaquia y Polonia hubo verdaderos pogromos. Al menos 500 judíos fueron asesinados en Polonia entre la rendición alemana y el verano de 1946”. Una de las tragedias que sobrevino con la paz fue la de la deportación forzosa de poblaciones desplazadas a lugares en los que les aguardaban duros castigos. “Los británicos y estadounidenses entregamos a los soviéticos a millares de refugiados y prisioneros de guerra procedentes de Europa oriental, como 70.000 cosacos y al ejército de Vlasov, sabiendo que les esperaba en muchos casos la muerte (los que caían en manos del Ejército Rojo tenían 90 veces más probabilidades de morir que los que apresaban los aliados occidentales)”.

A Lowe le cuesta decir qué es lo que le conmueve más de todos los dramas de su libro. "Pero con lo que tengo pesadillas es con lo que se hizo a los civiles alemanes en los campos de prisioneros. Algunos guardias trataron de imitar lo que habían hechos los nazis en nombre de la venganza. No digo que algunos alemanes no merecieran castigo pero eso no es excusa para la brutalidad que se ejerció sobre ellos, lo que les hicieron”. Lowe, que inauguró en Barcelona el proyecto Espacio de Humanidades. Mediterráneo y Europa, en el Palau Macaya de la Obra Social La Caixa, está de acuerdo en la comparación de la Europa de 1945 con la de la Guerra de los Treinta Años. “Todas las estructuras de la sociedad cayeron, las cosechas se perdieron, incluso las que pudieron recogerse no había manera de transportarlas, todo estaba destruido: el hambre fue peor que durante la guerra”.

Había huérfanos por todas partes, señala el historiador, cientos de miles sino millones que se habían quedado sobre todo sin padre. Y muchos niños perdidos; 35.000 solo en Berlín en verano del 45. "Los niños eran el futuro para construir una nueva sociedad pero muchos estaban profundamente traumatizados. Hay muchos testimonios de niños a los que aterrorizaba la simple visión de un hombre en uniforme. Toda una generación se quedó sin referentes masculinos, con los padres muertos o prisioneros durante largos años". Muchos pueblos se quedaron sin hombres, lo que tuvo un efecto traumático en toda una generación de mujeres. "Los hombres se convirtieron en un bien muy preciado". En la URSS había al final de la guerra 13 millones más de mujeres que de hombres.

Para el historiador lo más importante es que la nueva Europa, la nuestra, se forjó en medio de "esa época violenta y vengativa", y fue entonces cuando "muchas de nuestras aspiraciones, de nuestros prejuicios y rencores cobraron forma”.


jueves, 6 de junio de 2019

Campanadas de la Historia (68) Manuel Otero, sangre española en Omaha Beach

Del blog de Toni Álvaro importamos su aproximación a Manuel Otero, el único español que participó en el célebre desembarco de Normandía (que ya tratamos hace cinco años en este blog), que abriría un nuevo frente en Europa y sería decisivo para el término de la IIGM y el destino de nuestro continente. Este bravo compatriota, ex-soldado republicano (aunque no creo que dejara de serlo) que tuvo que huir a Estados Unidos, se unió al ejército de ese país y acabó dejando su vida en esta playa normanda, luchando contra el fascismo como había hecho antes en España. Nuestro recuerdo, 75 años después de aquel Día D, es para él.

Manuel Otero Martínez

…soldadet, valor, valor,

que depèn de gent com tu la sort del món…



‘Los primeros valientes en traspasar el alambre de espinos fueron John P. Forde, de Brooklyn; Manuel Otero, de Nueva York; y David A. Arnold, de New Hampshire. Forde y Otero morirían al poco en el campo de minas’ Albert Papi.



6 de junio de 1944, hace 75 años, Día D, 7.40 horas, una segunda oleada del 16º Regimiento de la 1ª División de Infantería de Estados Unidos, desembarca en el sector G de la playa de Omaha. Un mal sitio para desembarcar. Lanchas bandeadas por la mala mar, tropa mareada que se encuentra con el agua al cuello a casi 100 metros de la playa y luego un trecho de playa de más de 100 metros plagados de obstáculos y bajo intenso fuego enemigo. Una escabechina.

Manuel Otero, de Nueva York, salva los primeros 100 metro de playa para abrir paso por las alambradas. Lo consigue, pasa por ese hueco y echa a correr buscando protección. Una mina lo despedaza. Manuel Otero, de Nueva York, es Manuel Otero Martínez, de Catasueiro, Concello de Outes, A Coruña, ha cumplido 28 años y ya no podrá tener un hijo

per, només veure'l, intuir
que l'estimo més del que m'estimo a mi…

Manuel Otero Martínez era un buen mecánico en la marina mercante al que el golpe de Estado fascista de julio del 36 sorprende en Santander. Alistado en el Ejército republicano caerá gravemente herido en Brunete. Casi al final de la guerra es hecho prisionero en Barcelona. Un hermano que ha combatido en el bando de los vencedores consigue traerlo de vuelta a casa.



Pero los vencedores se empeñan en demostrar su condición a todas horas y le hacen la vida imposible a Manuel, que busca una vida posible en Estados Unidos, a las afueras de Nueva York, donde monta un taller mecánico que le permite vivir y enviar dinero a su madre. Manuel Otero es trabajador, lo que no es suficiente para el gobierno para ponerle los papeles en regla. Si quiere la nacionalidad y vivir tranquilo, una temporada en el Ejército es la vía más rápida. Manuel se alista.



Otero, soldado curtido, ingresa en la Big Red One que prepara el desembarco de Normandía. Y llega el 6 de junio de 1944, hace 75 años, Día D, 7.40 horas, una segunda oleada del 16º Regimiento de la 1ª División de Infantería de Estados Unidos, desembarca en el sector G de la playa de Omaha. Un mal sitio para desembarcar. Manuel Otero se funde en el infinito.

Las gestiones familiares consiguen de nuevo el regreso de Manuel a casa, esta vez dentro de una caja de madera forrada de cinc. En el cementerio de la parroquia de Outes un grupo de soldados norteamericanos portan a hombros un féretro cubierto con la bandera de las barras y estrellas y le rinden honores por todo lo alto en presencia de un agregado de la embajada de Estados Unidos. Cinco años después, Dwight Eisenhower, el general del Día D, firmaba en Madrid con el general del golpe de Estado fascista de julio del 36 un pacto que acordaba instalar en territorio español cuatro bases militares a cambio de ayuda económica y militar. Las playas de Normandía quedaban muy lejos, anegadas por la sangre de los Manuel Otero del mundo.

martes, 28 de mayo de 2019

Vocabulario Fundamental. Mujeres (21) Kurdistán, guerra de mujeres


El canal de televisión franco-alemán ARTE produjo en 2016 un documental titulado 'Kurdistán: chicas en la guerra’, dirigido por la francesa Mylene Sauloy. Se centra en la lucha militar e ideológica de las mujeres kurdas en Rohava, Shengal y Qandil, así como la historia del principio del movimiento de mujeres con el PKK. El documental siguen cómo bravas mujeres desde París a Sinjar tomaron las armas contra Daesh (Estado Islámico) para defender a su pueblo y han sido un elemento fundamental en la derrota de los yihadistas en la guerra siria. Un grupo de mujeres que se niegan a ser víctimas y se mantienen fuertes frente a otras mujeres que sí son víctimas.

domingo, 14 de abril de 2019

In Memoriam, Neus Català

Un texto de Toni Álvaro y otro de Jacinto Antón (ambos autores muy recomendables) además de un reportaje de La2 nos ayudan a recordar y despedir a la también catalana Neus Catalá i Pallejá, una eterna luchadora que supo resistir y sobrevivir en las peores de las circunstancias que puede sufrir un ser humano, no sólo en los años que pasó en campos de trabajo y exterminio alemanes, particularmente Ravensbrück, donde intentaron suplantar, inutilmente, su identidad pétrea por un número 50446. 

Activista infatigable, luchó por los derechos de las mujeres, luchó por la República española, luchó en la Resistencia francesa, luchó por sus compañeros y por sobrevivir en los campos, donde se dedicó a sabotear maquinarias e inutilizar las municiones que se veían obligadas a fabricar, pero después de la guerra aún siguió luchando, para que no se olvidara lo que había pasado, para preservar la memoria de aquel horror. Una mujer formidable que se vengó de quienes quisieron acabar con ella viviendo 103 años, lúcida y digna hasta el final. Descansi en pau, Neus Catalá. 

Neus Catalá  (Toni Álvaro - Facebook)

Un grupo de 80 mujeres viajan hacinadas en un vagón que habitualmente transportaba a 4 caballos. Forman parte de un convoy con un millar de mujeres de distintas nacionalidades transportadas en las mismas condiciones. El tren se detiene. Una de las mujeres, menuda, decide abrir una de las minúsculas ventanas del vagón. Frente a ella ve otro tren, atestado de hombres que viajan en las mismas condiciones. Reconoce un rostro. Es su marido. Se miran, gritan sus nombres mientras el convoy de los hombres arranca. Es la última vez que se verán. Él morirá de extenuación en el campo de Bergen-Belsen, poco después de ser liberado.

El convoy de las mujeres finalizará su recorrido en Ravensbrück, de madrugada, a 22ºC bajo cero. Las mujeres son apeadas a golpes, insultos, culatazos, mientras los guardias azuzan a los perros. Las mujeres serán rapadas, desinfectadas, humilladas. Les dan un traje a rayas azules y calzado hecho con lona de camión grapada a una suela de madera. La mujer menuda que abrió la ventana del vagón intenta andar y mantener el equilibrio dentro de sus zapatos enormes, seis números más que su pie. Andando arriba y abajo por el barracón para habituarse al nuevo calzado realiza un bellísimo acto de resistencia: empieza a imitar los andares de Charlot, sus gestos. Las prisioneras del barracón prorrumpen en carcajadas y aplausos. La risa es una afirmación de la vida y una victoria sobre el horror.

La mujer menuda, Pulga la llamaban en la Resistencia, es Neus Català i Pallejà. Ganó una huelga con 14 años, consiguiendo equiparar salarios de hombres y mujeres; defendió la II República desde sus convicciones comunistas; pasó la frontera francesa a pie con 182 niños y niñas a su cuidado; ingresó en la Resistencia en funciones de enlace, llevando mensajes escondidos en su pelo y acogiendo maquis en su casa. Detenida por los alemanes y torturada en la prisión de Limoges sin delatar a nadie, será deportada a Ravensbrück primero y a Holleischen después, siempre bajo un cielo de plomo al que sobrevivirá.

Una mañana, terminada ya la II Guerra Mundial, Neus Català volvió a ponerse el traje a rayas de prisionera y fue a fotografiarse. Era una manera de constatar su renuncia al olvido, el firme compromiso a mantener encendido el recuerdo de todas aquellas mujeres masacradas en Ravensbrück.

Las olvidadas de los olvidados, republicanas españolas, mujeres de 40 nacionalidades gaseadas, muertas a palos, fusiladas, electrocutadas, esclavas de las grandes empresas alemanas (Mercedes Benz, Krupp, Siemens, IG Farbe...), madres de niños y niñas quemados vivos en los hornos crematorios, jóvenes polacas sometidas a atroces experimentos por el doctor Karl Gebhardt, presidente de la Cruz Roja alemana. Todas ellas, los nombres de las 92.000 mujeres asesinadas en Ravensbrück, a las que quisieron convertir en número y estadística, han vivido en la memoria de Neus Català. Ahora Neus Català debe vivir en la nuestra, solo la memoria nos salva del exterminio al que quieren condenarnos. 


La paloma de Ravensbrück


Con Neus Català aprendías lo que era la vida de verdad. Su mirada, ahora que se ha apagado, nos hacía más falta que nunca


Frente a los negros cuervos de Ravensbrück Neus Català alzó las alas de la humanidad y la esperanza. También las de la memoria. Sobrevivió al campo de concentración —“era también de exterminio”, sostenía siempre ella, y a ver quién se lo iba a negar si había estado allí y tenía ese carácter que cualquiera le llevaba la contraria—, y lo hizo sin perder la fe en la gente y en que el mundo era mucho más que aquel agujero negro inmundo al que la lanzaron.

Un largo día tuve el privilegio de acompañarla en una de las visitas que hizo al campo, al este de Berlín. La vi estremecerse en los barracones, en la plaza de recuento, junto al lago en el que las SS obligaban a trabajar a las deportadas hasta la extenuación y la muerte. Y le agarré la mano —más espantado que ella— ante los crematorios. Acabé el recorrido con temblor de piernas y lágrimas en los ojos. Pero Neus no dudó en dar una segunda vuelta por necesidades de un equipo de televisión. “Mi deber es testimoniar lo que pasó aquí”, me dijo antes de regresar a dar otra vuelta al molino del horror. Qué mujer. Recia y valiente. Siempre dispuesta a luchar contra el olvido y contra el regreso de los cuervos como había luchado contra los nazis y contra el hambre, la enfermedad y la agria desesperanza del campo.



No dudó en enfrentarse a Enric Marco, el impostor de Mauthausen, que la temía. Tan pequeña y tan íntegra y corajuda Neus. Hecha de tesón y hierro viejo, de principios y de valores de la mejor especie. No se fabrica ya gente como ella. Una tarde de invierno en su casa hablamos durante horas de su vida. Cómo pasó a Francia tras la Guerra Civil, cómo la detuvo la Gestapo cargada con armas para la Resistencia, los interrogatorios y Ravensbrück. Cayó la noche sin que ella encendiera las luces. Apenas nos veíamos de un lado al otro de la mesa. Y me dijo “te quedarás a cenar”. No era una pregunta. Sacó unas rodajas de fuet, un poco de pan y dos vasos de agua. Y siguió hablando mientras dábamos cuenta del frugal ágape y las presas rebañaban sus cuencos y gemían por media patata o los restos de la sopa aguada de col y tifus.


Con Neus aprendías lo que era la vida de verdad y lo que valía y lo que tenemos en cada mañana de estos tiempos que nos parecen problemáticos. Y a apretar los dientes. Su mirada, ahora que se ha apagado, nos hacía más falta que nunca. Era también poeta. De versos sencillos y directos que recogían el tuétano de su experiencia. Vuela libre vieja amiga, valerosa paloma a la que jamás darán alcance los cuervos de este mundo. Ojalá fuéramos capaces de seguir el ejemplo de tu compromiso y de tu coraje.